Bugatti, la legendaria marca francesa desembarcó en Latinoamérica.

Un importante actor se suma al club de los súper bólidos, nada menos que Bugatti, fabricante que inicia oficialmente sus actividades en América Latina.

Por Leonardo Pacheco

Antes de pasar a la noticia que motivó la redacción de este reportaje, revisemos el curriculum de su protagonista. Bugatti es una de esas marcas cuyo nombre está inscrito en el club de las leyendas, un fabricante que hasta nuestros días se preocupa no solo de ofrecer los ejemplares más espectaculares y veloces del mundo, sino que además de construirlos de una forma casi artesanal; sus modelos son considerados obras de arte.

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La marca fue fundada en 1909 por Ettore Bugatti, ofreciéndose su primer automóvil un año después… el Type 13. Desde ese instante las creaciones de Bugatti, cuyas instalaciones se localizan en Molsheim (Francia), exhiben un llamativo frontal equipado con una mascarilla en forma de herradura, un símbolo de buena suerte.

El talento de su fundador no tardó en destacarse, y utilizando sus innatos conocimientos de mecánica y sus dotes de artista, heredados de su padre (Carlo), los ejemplares construidos bajo el emblema de Bugatti en poco tiempo se transformaron en los referentes del mercado de la época.

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Ettore Bugatti nació en Italia, en Milán más precisamente, pero luego sus pasos lo llevaron a radicarse en la Región de Alsacia, Francia. Por su apellido muchos piensan que se trata de una marca italiana, un error recurrente de quienes recién incursionan en el apasionante mundo de la historia automotriz.  

En 1912 una de las grandes pasiones de Ettore se manifiesta en todo su esplendor, el deporte motor, no como piloto pero sí como uno de los más afamados constructores de bólidos para dicho propósito. El Type 13 se adjudicó una de serie de importantes carreras en Europa, pero el objetivo de ganar nunca nubló la mente de Bugatti… quien tenía sumamente claro que para gastar dinero en el mundo del motorsport, debía vender automóviles para usarlos en las calles.

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Y fue así como Bugatti apuntó a un público más bien selecto, los millonarios de la época, para lo cual, en 1927, decidió darle forma a uno de los ejemplares más exuberantes que se han fabricado en toda la historia de la automoción: el Type 41 Royale. La producción en seis años fue de media docena de unidades, es decir se construyó uno por cada año, y esa impresionante limousine de 6,5 metros de largo y equipada con un motor que producía 300 caballos… se convirtió en el máximo referente para todos los constructores y coleccionistas del mundo.

Y por si no bastaba con el impacto producido con el Type 41 Royale, en 1936 se deja ver otra de las celebridades de este constructor, el Type 57 Atlantic Coupé. Al mentado ejemplar se le considera la máxima expresión del arte sobre ruedas, siendo objeto de innumerables elogios en el pasado y en el presente, e incluso ha sido sujeto de estudio en las universidades donde se imparte la carrera de diseño industrial; su belleza no tiene comparación.

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Pero basta de historia y volvamos al presente. En la actualidad Bugatti ofrece una exquisita gama de bólidos realizados prácticamente a mano, con los mejores materiales y mecánicas refinadas. Nombres como Veyron, Chiron, Mistral, Centodieci y Bolide, entre otras connotadas creaciones, se encargan de mantener vivo el legado de este fabricante.

La buena noticia es que Bugatti ha iniciado oficialmente sus actividades en Latinoamérica, utilizando a México como puerta de entrada, marca que bajo la tutela del importador Grand Chelem atenderá los requerimientos de Colombia, Argentina y México por supuesto, lo que abre las esperanzas de que podamos ver alguno de estos ejemplares de alto performance en nuestro país; eso todavía no está confirmado.

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Ahora bien, Bugatti no construye de manera industrial ni mucho menos seriada, casi todo se realiza a mano, razón por la cual los compradores latinoamericanos deberán esperar hasta 2026 –por lo menos- para recibir el ejemplar por el que pagaron. Es una espera que por supuesto valdrá la pena.