Industria Automotriz, la evolución del origen chino.

En el recuerdo quedó ese lejano momento de 2007, cuando a nuestro país arribó el primer automóvil de origen y marca china… el Great Wall Hover. Y 15 años más tarde esta historia tiene nuevos protagonistas, siendo en la actualidad un origen respetado por los compradores.

Por Leonardo Pacheco  

Es divertido, pero da la sensación de que nadie se dio cuenta en qué momento pasamos de tener una marca de origen chino a contar más de 30 nombres y, más sorprendente aún, en un corto periodo de tiempo.

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Este fenómeno nunca se había visto en la industria automotriz, porque a los japoneses y surcoreanos les costó muchos años ganarse la consideración de los compradores, pero los fabricantes chinos realizaron esa misma titánica tarea en un parpadeo; obviamente que sin olvidar la polémica que los afectó al principio.

Con respecto a quien fue el primero hay opiniones encontradas, ya que antes del Great Wall Hover fue el Chevrolet Corsa Plus (antecesor del Sail) el ejemplar que enarboló la bandera de China. No obstante, para zanjar esta discusión lo mejor es ubicar el principio de esta historia en el momento en que el Hover fue presentado en Chile… a inicios de 2007, convirtiéndose en el primer automóvil fabricado en china e identificado con una insignia de una marca originaria de esa nación.

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Y en los meses sucesivos, porque no fueron años, los automóviles fabricados en China comenzaron a verse por doquier y dieron mucho de qué hablar por supuesto, aunque esos primeros comentarios no eran del todo favorables. Las fallas y reclamos no se hicieron esperar, al tiempo que algunos potenciales clientes se desencantaron al ver que esos ejemplares no costarían “cuatro pesos” sino que se ofrecerían a valores ajustados al mercado… no había razón para que estuviesen por debajo de la brecha de sus respectivos segmentos.

Obviamente que algunos modelos eran asequibles, muchos por cierto, como el Chery iQ, Hafei Lobo o Geely LC, por nombrar algunos, pero no se podía vender un Great Wall Florid, un Chery Tiggo o un JAC Benjoy al precio de un electrodoméstico; esa suposición fue provocada por los rumores que circularon antes del arribo de las primeras marcas chinas a nuestro país.

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La idea de “chino, es equivalente a mala calidad y barato”, se arraigó en la cabeza de los compradores por culpa de esos productos de uso cotidiano que se adquirían en el comercio, no vehículos claro está, así que no fue fácil cambiar esa opinión. Claro que algunos fabricantes no hicieron mucho para modificar eso, como por ejemplo Haima o esa localmente rebautizada marca Autorrad.

Pero no era un misterio que en una primera etapa muchas marcas chinas llegarían a los escaparates nacionales, de todas las calidades por supuesto, aunque no todas ellas pasarían el filtro natural impuesto por el mercado y sus compradores con miras a quedarse y participar del festín; fueron los propios importadores quienes dejaron lo bueno y desecharon lo malo.

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Cuando el panorama se estabilizó marcas como Chery, Great Wall, JAC, Geely, Brilliance y Changan comenzaron a hacerse notar entre esos constructores consolidados… nombres como Hyundai, Toyota, Nissan, Suzuki y otros más. Pero la arremetida del origen chino no terminó ahí, puesto que aún faltaba una segunda oleada de marcas, corriente que trajo consigo a constructores como FAW, Lifan, GAC Motor, MG y ZX Auto, por citar algunos.

Cuando se cumplieron diez años desde al arribo del Hover el origen chino ya estaba absolutamente consolidado, tanto así que nuevos comensales se sentaron a la mesa sin que nadie dudara de su calidad, refiriéndonos a marcas como Maxus, Jetour, DFSK, JMC, Dongfeng, Haval e incluso Exeed, nombre este último directamente asociado a un segmento de corte aspiracional.

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Actualmente los automóviles producidos en el seno de la nación asiática son tan valorados como los de otros orígenes, un privilegio que se han ganado a punta de un constante desarrollo tecnológico, de diseños diferenciados y con personalidad… lo que dejó atrás el estigma de las “copias”, pero sobre todo merced a una conveniente relación precio/equipamiento; en ese punto ningún otro origen los puede superar.