Prueba Kia Soul, un hatchback con espíritu servicial

Antonio P. Salazar

La historia del Soul tiene muchas páginas, más de las que creemos, y es que fue hace 13 años cuando este cuadriforme hatchback debutó en el Salón de Detroit siendo en ese entonces un simpático prototipo que, en 2008, se transformaría en el modelo que cambió las reglas estéticas al interior de la firma surcoreana.

Probamos una de las versiones denominadas GT Line, en las que destaca el abundante equipamiento y el look diferenciado, en alusión a las llantas específicas y al techo rematado con una elegante tonalidad Black Piano.   

Diseño exterior

En esta tercera generación se anuncian dos pequeños ajustes en las dimensiones externas: 4.195 mm de largo (+55 mm), 1.800 mm de ancho, 1.600 mm de alto y 2.600 mm de distancia entre ejes (+30 mm). Los citados guarismos no afectan la idea básica de este producto, el que desde un principio se destacó por ofrecer una notable amplitud interior, la cual sigue siendo una de sus ventajas principales.

En honor a la verdad el planteamiento arquitectónico de este automóvil así como lo hace muy habitable, también lo torna un tanto polémico. Dicho de otro modo, al Soul se le ama o se le odia, así de sencillo, porque está claro que sus creadores buscaron la máxima funcionalidad sin atender a factores emotivos o recurrir a esas soluciones que garantizan la aprobación del público; aquí no hay biseles ni alerones, todos sus componentes cumplen un propósito alejado de la simple ornamentación.

Como ya lo dijimos, en esta variante GT Line se ofrecen unas deportivas llantas de 18”, además de retrovisores y techo Black Piano. Las luces frontales son de ledes, tecnología que permite reducir la superficie de la carcasa hasta convertirla en un delgado listón, mientras que una enorme rejilla colma por completo la parte inferior de la proa, de un modo exagerado según nuestra apreciación, pero sin romper la armonía visual.

La zaga considera barras de luces erguidas, con uno de sus extremos invadiendo la faz del portalón, y la luneta exhibe una suave curvatura que le otorga un aspecto muy sofisticado. La verdad es que no es fácil encontrar un hatchback comparable al Soul, en términos de diseño claro está, un acierto de sus creadores aunque en algunos casos es su peculiaridad lo que incomoda a los compradores menos audaces.

Diseño interior  

En el habitáculo se advierten las fuertes diferencias que hay en esta versión GT Line con respecto a los demás miembros de la familia Soul. Como ya lo señalamos, el equipamiento sube de nivel, varios peldaños, y en términos ornamentales esta unidad tope de gama se aleja bastante de sus compañeros; el GT Line exhibe mayor presencia tecnológica y se detectan algunos materiales de calidad superior.

El puesto de manejo presenta un volante con borde inferior plano, un timón que, como ya es la tónica general de la industria, incluye varios pulsadores en los apoyos; esto no es algo que nos guste, porque en las maniobras es fácil presionar uno de esos mandos sin querer hacerlo. Tras la empuñadura se alza un cuadro de instrumentos sencillo de leer, muy bien diseñado, y hacia el centro del tablero se ubica una pantalla táctil de 7”, un monitor rodeado de botones lo que le resta modernidad; siempre es mejor dejar el visor de la pantalla lo más libre que se pueda.

Los asientos frontales son perfectos, en todo sentido, mientras que la banca trasera nos ofrece una postura bastante cómoda. No hay problemas de habitabilidad para cinco ocupantes, una ventaja que se agradece y que ha convertido al Soul en uno de los hatchback favoritos de las familias en formación; consideremos además que en el maletero caben 663 litros, nada mal con todos los asientos en uso.

Comportamiento

En esta tercera generación se mantiene el bloque gasolinero de 1.6 litro, conocido impulsor que entrega 122 caballos y que ha demostrado su eficiencia y confiabilidad a través de los años; la administración de sus erogues le fue encomendada a una transmisión automática de seis velocidades. Este conjunto se puede usar como una caja secuencial, mediante la palanca selectora, y también se ofrecen tres modo de manejo (Normal/Eco/Sport), aunque no podemos decir que el comportamiento varíe mucho al seleccionar alguno de ellos.

Para entender el planteamiento del Soul debemos olvidarnos de ciertos asuntos concernientes con el alto performance o la deportividad, porque en este hatchback hay cosas mucho más importantes; es un automóvil funcional y espacioso, pensado para la familia.

El motor acelera progresivamente, más de lo debido, y el despliegue de torque tampoco es una de sus fortalezas. El desarrollo final de la transmisión sigue la tónica, transformando las aceleraciones en un proceso parsimonioso por lo que debemos tomar en cuenta esa característica al momento de solicitarle mayor impulso en los adelantamientos. Claro que a cambio nos entregará un generoso rendimiento, que sobrepasa los 22 km/l en carretera, y durante el manejo reinará una tranquilizadora sensación de quietud.

La estabilidad es absoluta, por efecto del diseño cuadrado de la carrocería, y con respecto a la suspensión podemos decir que su recorrido no es tan largo pero aún así no podemos calificarla de dura; la suavidad de marcha está en su justa medida. Las dirección responde muy bien al igual que los frenos, y destacable es el hecho de que en esta variante GT Line se anuncian novedades en la lista de dispositivos destinados a elevar la cuota de seguridad; entre ellos se cuenta el control de estabilidad, el asistente de partida en pendiente, los airbags laterales y de cortina, el sensor de punto ciego y el aviso de tráfico cruzado en reversa.

FICHA TÉCNICA

Motor: 1.6 litro 122 CV / 152 Nm

Transmisión: Automática / 6 vel.

Tracción: Delantera

0-100 km/h: ND

Vel. Máxima: 185 km/h

Rend. Mixto: 10 km/l

Largo: 4.195 mm

Ancho: 1.800 mm

Alto: 1.600 mm

Entre ejes: 2.600 mm

Maletero: 663 lt.

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